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La capital portuguesa se ha convertido en uno de los destinos más apetecibles para pasar las vacaciones. Situada en la orilla derecha del estuario del tajo, entre el mar de la Paja y el océano Atlántico, el urbanismo de la ciudad se prolonga hasta Almada, en la orilla opuesta del río, con la que está unida mediante un puente.
Que fuente de inspiración de Wim Wenders, sus fadistas enloquecen a medio mundo con sus cantos tristes y, aunque su época de imperial ya no volverá, Lisboa todavía es una ciudad que conserva mucho de su antiguo esplendor y aún más secretos por descubrir en sus calles y en sus gentes. Temperatura agradable, buena comida y facilidad de acceso, son algunas de las ventajas de "la ciudad de las siete colinas".
Según cuenta la leyenda, Lisboa fue descubierta por el más famoso de los héroes de la mitología clásica: Ulises, aunque los historiadores atribuyen su fundación a los fenicios.Su situación geográfica pronto la convirtió en enclave estratégico de griegos, cartagineses y romanos, y la época de los descubrimientos la transformó en uno de los lugares más importantes del mundo.
En la actualidad, en "la ciudad de las siete colinas", viven casi un millón de habitantes, y se ha convertido en uno de los lugares preferidos a la hora de elegir destino para pasar las vacaciones, debido a la cercanía con España y a que los precios de los viajes están al alcance de muchos.
Lisboa histórica
El casco antiguo de Lisboa, en el centro de la ciudad, todavía conserva muchas estructuras medievales y de origen musulmán. Sus callejones estrechos, con balcones de hierro forjado y grandes patios, están envueltos de una sensación de hospitalidad que hace que el visitante se sienta acogido desde el primer momento.
La Plaza del Comercio suele llamarse el vestíbulo de Lisboa porque acoge algunos de los edificios más importantes de la ciudad. Tres de sus lados están ocupados por edificios oficiales que se construyeron en el siglo XVIII, y en el cuarto se erige el Arco del Triunfo construido después del terremoto de 1755 que sacudió la ciudad.
Además,también se conserva parte de la catedral románica del siglo XII, construida poco después de la reconquista cristiana de la ciudad. El castillo de San Jorge, reconstruido en 1940, el monasterio de los Jeróminos de Belém, fechado en el siglo XVI, y la iglesia de la Madre de Deus son algunos de los monumentos más destacados de la ciudad.
Para finalizar con el recorrido histórico, es de obligada visita la hermosa Torre de Bélem, uno de los símbolos más conocidos de Lisboa. Se la considera como, quizá, la torre de defensa más decorada del mundo y guarda la entrada en la ensenada delTajo formando una pequeña península que con marea alta queda aislada de la costa.
Arte lisboeta
Entre los monumentos de la ciudad cabe destacar la presencia de la catedral construida en el siglo XIII, el monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém. El estilo manuelino fluye por cada unade las piedras de los dos últimos monumentos, así como por las del Castillo de San Jorge, y las iglesias renacentistas de la Magdalena, de nuestra Señora de los remedios y de San Amaro. Algunos de los edificios del centro histórico, quedaron calcinados en el incendio de 1988, procediéndose después a su recuperación y reconstrucción.
En 1966 se inauguró el puente colgante Salazar sobre el Tajo. Uno de los edificios más emblemáticos de Lisboa es la Torre de Belén, un monumento único en el mundo. Enfrentándose como un buque a las aguas del mar la armonía de su configuración ylos delicados ornamentos de su piedra, sugieren a los ojos de quien la ve, una joya trabajada. Frente a la playa de Restelo y sobre una isla de basalto próxima a la orilla derecha del Tajo, la Torre de Belén se integra en el sistema defensivo del cauce del Tajo, cruzando fuego con la fortaleza fronteriza de San Sebastián de Caparica, en la orilla Sur. Se compone de una torre cuadrangular, que recuerda las torres del homenaje de los castillos medievales, y de un baluarte poligonal, elemento de tecnología de defensa avanzada para la época, destinado a sustentar artillería pesada, con cañones rasantes al mar, asemejando escotillas. Las garitas que se erigen a cada lado del baluarte tienen encima cúpulas en forma de brotes de plantas, denotando influencias de las fortificaciones de Marruecos, donde Francisco de Arruda trabajó y, sin duda se inspiró.
Junto a estos elementos orientales, predomina en la Torre una decoración manuelina con tallados en piedra, que la envuelve con motivos heráldicos, y el famoso rinoceronte, primera representación en piedra de este anima en Europa.
La parte más decorativa de la Torre es la que está en el lado sur, donde corre la barandilla con una balaustrada de piedra calcárea finamente tallada. Por encima de la barandilla se puede ver el escudo de D. Manuel I y las esferas armilares. Sobre el muro del pequeño claustro, que se yergue sobre el terreno del baluarte, se destaca una imagen esculpida de la Virgen con el Niño, sobrepujados por un baldaquino del siglo XVIII. El interior, compuesto de varias salas, merece ser visitado, y el esfuerzo de subir al último piso es recompensado por la admirable vista que abarca el largo estuario del río Tajo y la parte occidental de Lisboa, tan evocadores de este período de la historia de Portugal.
El Fado
El Fado es la canción emblemática de Lisboa. En sus palabras se oyen los ecos de puertos lejanos, escondidos más allá de las brumas de mares distantes. La angustia de la partida para largos viajes, la tristeza de los navegantes que tardan y la incertidumbre de siregresarán, marca profundamente, esta canción de puertos y marineros.
El Fado es también una canción que cuenta los infortunios de la vida, el sufrimiento dejado por amores infelices. La Mouraria es uno de esos barrios por siempre ligado al Fado, y entre los muchos intérpretes de Fado que se conservan en la memoria de todos, está la voz de Amalia Rodríguez. La voz de esta fadista única, dejó entre los lisboetas, la melancolía de la melancolía, que ella cantaba.
Museo Nacional de Etnología
El Museo Nacional de Etnología es un testimonio de la curiosidad de los portuguesespor otros pueblos y culturas. A partir del siglo XVI, con la llegada de los grandes viajeros marítimos, los navegantes portugueses fueron varias veces los primeros europeos que conectaron con civilizaciones de otras áreas del mundo.
Inmediatamente surgieron descripciones y relatos de los contactos con esos pueblos hasta entonces desconocidos para Europa.
En el siglo XVIII, cuando los palacios de la Vieja Europa albergaban numerosas obras de arte, las piezas africanas eran excluidas de sus vitrinas. A pesar de no haberse reconocido el estatus de cada una de ellas, muchos navegantes portugueses traían arte de este país, muchos de los cuales eran regalados a reyes y depositados en el Palacio Real.
En el año 1755, Lisboa fue asolada por un terremoto. Gran parte de la ciudad quedó destruida, perdiéndose casi la totalidad de los amplios tesoros reunidos hasta entonces. Fue afinales del siglo XVIII cuando creció el interés por los objetos exóticos, cuadros y telas. Como testigo quedó un registro de 1797, en el que fue pedido al Gobernador de Mozambique que enviase a Lisboa, plantas, semillas, conchas, minerales e instrumentos fabricados por los pueblos locales.Es en esos momento se comenzó a fraguar los fondos de las primeras colecciones museísticas como el Real Museo de Doña María I. Sin embargo las piedras que deberían formar al Nuevo Museo Nacional de Etnografía no se llegaron a poner hasta mediados del siglo XX, cuando partiendo de la iniciativa de un grupo de investigadores se recopilaron gran parte de las obras existentes en la ciudad a la vez que se incorporaban otras nuevas traídas de Mozambique. El actual museo se ha ampliado y diversificado, con un número superior a veinte mil piezas.
Las colecciones se extienden más allá delos espacios ocupados por los portugueses. El Museo está situado en la actualidad en la zona de Belém, y en él se reúnen piezas tan diversas como una escultura en madera. Representa una cabeza femenina, que en otros tiempos formaba parte de un altar real en Benim, o una cabeza humana reducida por los indios jíbaros de la frontera de Brasil y Perú.
De compras
Además de los grandes almacenes y las grandes firmas internacionales, el visitante de Lisboa puede encontrar algunos de los mejores complementos fabricados en cuero de toda la zona. Bolsos, zapatos y cinturones hechos a mano son las mejores adquisiciones en este sector. También es recomendable hacerse con azulejos pintados a mano, porcelana u objetos de cristal tallado a un precio más que razonable.
La mayor parte de las tiendas se encuentran en el barrio de Baixa. Esta barriada está repleta de pequeños comerciosdonde poder curiosear, además de acoger algunas de las tiendas de música más grandes de todo Portugal, donde podemos aprovechar para hacernos con algún disco de Madredeus o de Dulce Pontes.
Si lo que nos interesa son las antigüedades son de obligada visita las calles (o Ruas) de Dom PedroV, Do Alecrim o la Rua da São Bento. Aunque en Lisboa hay otras zonas comerciales interesantes como la Avenida de Roma, Alvalade y Campo de Ourique. Pero si no se dispone de mucho tiempo, lo mejor es visitar alguno de los centros comerciales distribuidos a lo largo y ancho de la ciudad como, entreotros, el de Vasco da Gama, el de Amoreiras o el de Colombo, el centro comercial más grande de toda la Península Ibérica.
Gastronomía
Se dice que los portugueses son expertos en disfrutar de los placeres de la vida, lo que explica porqué se pueden disfrutar de maravillosos platos típicos que harán relamerse a más de uno y una (¡Ojo con las calorías!). La región de Lisboa ofrece una amplia variedad de platos típicos y excelentes vinos que pueden ser disfrutados en alguno de sus numerosos restaurantes, sobre todo en el casco antiguo. Su situación cercana al mar, hace que lo másdestacable sean los platos de pescado, con numerosas formas de cocinar el bacalao (bacalhau), aunque sus carnes y postres también son deliciosos (los pastéis de Bélem, en concreto, es casi una obligación probarlos).
Todos estas sabrosas recetas las podemos regar con alguno de sus caldos. Vinos tintos y blancos, y, como novedad, el vinho verde, un vino joven y ligeramente espumoso. Y, como digestivo, Lisboa nos ofrece la ginjinha, su bebida típica, que es una especie de jerez.
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