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Cruce de caminos entre Asia y África, hogar de especies únicas en el mundo y tierra de gentes amables y acogedoras, la isla malgache es un destino poco explotado que ofrece innumerables atractivos para el viajero.
Hace 200 millones de años el supercontinente Gondwana se desgajaba en varias partes, convirtiendo en gigantesca isla a lo que hoy conocemos como India y Madagascar. Hace 45 millones de años, la India entraba en colisión con el continente asiático tras vagar hacia el norte por el Océano Índico;en su camino hacia el septentrión se dejó olvidada una porción de 587.000 kilómetros cuadrados a escasa distancia de África.
Esta isla no conoció huella humana hasta el siglo IV después de Cristo, momento en el que llegan algunos navegantes provinentes de Indonesia. Traerían con ellos sus animales domésticos, como el cebú, así como ciertas costumbres sudasiáticas y una lengua del tronco malayo-polinesio. Estos primeros pobladores se mezclarían siglos después con bantúes que llegaron de las costas africanas, mixtura humana que daría lugar a la cultura malgache.
La peculiar historia geológica de Madagascar ha propiciado la existencia en esta isla de una biodiversidad sin parangón, rica en especies únicas como los lémures, un primate que evolucionó en más de treinta especies diferentes a lo largo y ancho de la isla. Su variedad, costumbres y belleza han hecho deestos peculiares animales todo un símbolo de este territorio, y son uno de sus principales atractivos. Por desgracia, desde la llegada del ser humano a Madagascar, muchos de estos primates han sido extinguidos, como los lémures gigantes, cuyos esqueletos pueden contemplarse en el museo de Tsimbazaza.
Madagascar atesora multitud de paisajes atractivos, desde las selvas tropicales orientales hasta los arrecifes coralinos de la costa oeste. Desiertos, herbazales, manglares, lagos, altas montañas y ríos son otros de los ecosistemas que configuran esta poliédrica isla. Hoy día, la presión humana está haciendo desaparecer con rapidez gran parte de esta riqueza natural, por lo que Madagascar se ha puesto en el punto de mira de multitud de entidades y grupos conservacionistas.
Para preservar la naturaleza única de Madagascar, el gobierno local ha creado 17 parques nacionales y más de veinte reservas especiales, repartidas entre las cinco grandes regiones en las que se divide la isla: Norte, Sur, Este, Oeste y Tierras Altas (en el centro).
Los atractivos de Madagascar no caben, por supuesto, en estas breves líneas. En el norte, en la región de Diego Suarez, encontraremos algunos de los paisajes costeros más bellos del mundo, formados por el encuentro entre el Índico y el canal de Mozambique. El oeste, tierra de sabanas y rocas afiladas como cuchillos, es el hogar de los impresionantes baobabs.
En las tierras altas los protagonistas son los arrozales de color esmeralda, mientras que en la costa este domina una lujuriante vegetación selvática que penetra hasta el mismo océano; el Gran Sur malgache, por el contrario, es una tierra árida, dominada por matorrales espinosos de increíbles formas, donde la vida se desarrolla con sencillez y apacibilidad.La cultura malgache está fuertemente arraigada a la tierra. La cultura animista y sus ritos aún perviven en muchas partes de la isla, aunque en no pocas ocasiones entreverados con el Islam, que llegó en la Edad Media junto con los comerciantes árabes.
El eje de la cultura malgache es la noción de “mora-mora”, o sea, vivir plenamente el presente estirando el tiempo tanto como sea posible, una actitud vital que tiene su origen en la concepción circular del tiempo. El vitalismo de lo malgache también está relacionado con su visión de la muerte, que gira en torno a los “Razana”o ancestros. Cuando una persona muere, pasa a formar parte de la comunidad de los Razana, capaces de influir de manera determinante en la vida cotidiana. Cada comunidad malgache posee sus propios ancestros, que son consultados con motivo de grandes ocasiones (construcción de una casa, matrimonios...).
Buena parte de la cultura malgache se transmite a través de la música, presente en múltiples aspectos de la vida diaria de Madagascar. En el sudoeste de la isla es típico el uso del Marovany, un xilófono sobre cuyas melodías se improvisan cantos. En las Tierras Altas podremos escucharlas “Hira Gasy”, canciones tradicionales acompañadas de instrumentos de viento y un tambor. Los peculiares uniformes de las bandas de Hira Gasy (camisola bermeja y canotié de paja) se han convertido en toda una seña de identidad de la isla.
No falta, como se puede apreciar, riqueza y misterio a esta lejana tierra de nombre mítico. Su legado natural y humano configuran el lugar ideal para que nuestro viaje se convierta en un reencuentro amable con lo mejor del planeta.
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