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Una ciudad que posee una calle con el nombre de Vinicius de Moraes merece ser visitada. Pero si además esa calle recorre el perfil de la playa de Ipanema, una de las más bellas y evocadoras del planeta, los alicientes se multiplican por varios dígitos.
Y si, por si esto fuera poco, la ciudad posee la belleza imposible del Pan de Azúcar, un mosaico de gentes de todas las tonalidades, un perenne espíritu festivo y los cuatro kilómetros y medio de arenas doradas de Copacabana, la visita a la Cidade Maravilhosa se hace casi obligatoria para todo aquel que quiera conocer el alma de Brasil, que quizá equivalga a decir el alma del mundo.
La visión de Río desde cualquiera de los magníficos miradores que nos ofrece el escarpado relieve de la ciudad nos muestra bien a las claras los motivos que llevaron a portugueses e ingleses a partirse lacrisma mutuamente en los primeros años del siglo XVI: numerosas calas para fondear y fértiles tierras de aluvión. El siglo XVIII añadiría un nuevo valor al enclave, la explotación del diamante en la cercana Minas Gerais, actividad que potenciaría un intenso tráfico comercial y que convertiría a Río en una de las ciudades más grandes del siglo XIX.
Actualmente, Río cuenta con más de siete millones de cariocas censados, lo que la convierte en una ciudad gigantesca con todos los problemas que de este hecho se derivan: una acusada contaminación atmosférica, la presencia de fuertes contrastes sociales que agudizan la miseria y uno de los índices de delincuencia más altos de todo el continente americano. En las favelas que tapizan las colinas de Río viven miles de personas que no tienen acceso a la educación ni al sistema sanitario; la droga y la violencia reinan en losbarrios y la policía no es ajena a la corrupción. Las marcadas diferencias sociales impregnarán, pues, el alma carioca, configurando su transcurrir vital y nunca serán invisibles para el viajero. Así, encontraremos un carnaval para ricos, que centra su actividad en el Sambódromo y un carnavalpopular, articulado en las escolas do samba y que es el que llena de colorido las calles de Río durante la fiesta reina de Brasil.
De la misma manera, las playas –lugar de encuentro por excelencia para los cariocas- se han dividido dependiendo del origen de su afluencia humana. Copacabana es la playa más abigarrada y mestiza, en sus arenas siempre están ocurriendo cosas, tanto de día como de noche: se come y se bebe, se baila y se contempla la variedad del personal, los gamines de las favelas andan al tanto de los despistes de los turistas y los turistas procuran parecer poco despistados.
Ipanema, sin embargo, es la playa más rica y chic de Río. Es más limpia y segura y menos bulliciosa, aunque también presenta su propio ritmo vital que en las décadas de los sesenta y setenta contribuyeron a crear numerosos intelectuales y artistas, entre ellos el músico Antonio CarlosJobim, y el poeta y cantante Vinicius de Moraes, fundadores de no pocos mitos cariocas.
Pero las señas de identidad de la ciudad no acaban aquí. Ascendamos en teleférico al Pao de Açúcar al atardecer de un día claro. Conforme la oscuridad avanza, la ciudad irá iluminándose, dibujando anteel viajero la imagen de lo que parecerá el lugar más hermoso del mundo. Esta mole pétrea también puede ser abordada por los aficionados a la escalada gracias a las 50 vías que nos ofrecen sus espléndidas paredes pétreas.
Si queremos descansar del intenso ajetreo urbano, nada más recomendable que desplazarnos al Parque Nacional de Tijuca, una reserva natural de 33 kilómetros cuadrados que protege los retales supervivientes de la antigua y frondosa selva tropical que rodeaba Río de Janeiro. En apenas quince minutos el viajero pasa, casi de repente, del cemento y el tráfago automovilístico de la ciudad a un bosque exuberante, surcado por riachuelos y jalonado de hermosas cascadas –entre las que destaca la Cascatinha Taunay, de 35 metros -. El parque cuenta con una variada fauna y flora, que puede contemplarse recorriendo la excelente red de senderos que articulan el enclave. El corazón de esta selva en miniatura es el Alto de Boa Vista.
¿Y el fútbol? No podemos hablar de Río –y de Brasil, en general- sin mencionar al deporte brasileiro por excelencia. El estadio de Maracaná ofrece al turista que disfruta de Río la posibilidad, con tintes alucinantes, de experimentar qué se siente asistiendo al espectáculo ofrecido por la mejor cantera de futbolistas del mundo, preferentemente si acudimos a un campeonato en el que participen los equipos rivales Flamengo, Vasco, Fluminense o Botafogo.
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